“Adiós sumergido”, ó “Sumergido adiós” (nombre políticamente correcto) es, como un amigo no pudo describirlo mejor, una masturbación mental, mi masturbación mental, ésta exacta y bella analogía, radica en que ambas nacen del universo de las fantasías y las fantasías nacen de los complejos más amargos, también los dos ejercicios, (mi corto y la masturbación) tienen la equivoca apariencia de ser estériles, pero no lo es del todo, es mi último recurso para olvidar unos dolores que no se han querido ir y que cada vez que pueden me torturan el alma, pienso que sólo con ayuda del cine y su magia logré encontrar el mecanismo para hacer soportable hablar de mi lado más despreciable, doloroso, ridículo y oscuro.
¿Por qué?
Bueno, porque puedo, porque sé lo difícil que es poder hacer algo cinematográfico, y dada las dificultades que pronto tendré que soslayar, pienso hacer que cada palabra que se diga o se calle valga la pena, y que sirva para algo. Concibo el entretenimiento como el objetivo moral del cine. Y para mí éste es el único principio como director… El dolor muchas siempre trata de enseñarnos algo, y esas enseñanzas son las que justamente habla mi guion, el "adios" casi siempre revela más de la naturaleza del amor que un "Hola".
¿Cómo?
Voy a rodar con extrema belleza, con la máxima distancia posible de la realidad, con el objetivo de llenar de belleza, el dolor, la soledad, y la frustración que son el alimento de mi corto.
¿Cuándo?
El momento es impreciso, está como sumergido en una atemporalidad. Donde dos personajes que se quieren, se hacen todo el daño posible, disfrazándolo de caricias, de palabras.
¿Dónde?
El lugar cinematográficamente es el decorado que en el plano recorta el personaje, y bien puede amplificarlo o reducirlo. En este caso es Pance, un espacio a las afueras de mi ciudad lleno de dinamismo, vitalidad y majestuosa belleza. Lo escogí porque a pesar de su cercanía con la ciudad, es tan lejana en términos estéticos y de contenido, que me hace extasiar…
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